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Se buscan especialistas en recoger alfileres

Acabo de leer en un artículo de Charo Mora sobre Jeanne Lanvin que ésta empezó trabajando en el mundo de la moda como arpette, o sea, aprendiza encargada de recoger los alfileres en los talleres de costura. No es que con este ejemplo me vaya a poner a hablar ahora sobre cómo debieran aprender el oficio los diseñadores del siglo XXI, pero sí me sirve para poner encima de la mesa uno de los grandes problemas que tiene en estos momentos el sector textil español: la falta de maestrías. Me lo decía hace unos días Sybilla, obsesionada por encontrar profesionales que dominen el oficio de coser, bordar, hacer patrones… Y me lo contaban ya hace tiempo en DelPozo, donde se han visto forzados a contratar patronista fuera de nuestras fronteras.

Cuando uno de los problemas sangrantes de nuestro país es el paro, este sector tiene un enorme potencial para generar empleo, y empleo de calidad. Estas maestrías son parte importantísima de la “cultura” de desarrollo de producto, esencial para competir en diferenciación (y no en precios). Garantizarlos tiene una lógica competitiva no sólo de creación de puestos de trabajo. El saber que se transmitía de padres a hijos o que se aprendía en los talleres, donde se empezaba a trabajar con escasos años, no es ya la manera en la que los jóvenes adquieren las habilidades del oficio. No es que yo pretenda que volvamos atrás y que quiera lanzar a los quinceañeros a recoger alfileres del suelo como la gran Mme. Lanvin, no. Pero el problema es que en estos momentos, si una empresa de costura de lujo quiere contratar a un experto bordador o bordadora, es probable que lo tenga que buscar fuera. En Suiza, por ejemplo.

Los chicos y chicas que salen de la Formación Profesional con una titulación relacionada con el sector textil, carecen lógicamente de la experiencia necesaria, y es muy difícil que la adquieran porque apenas hay lugares donde puedan ir haciéndose con ella. En esta pescadilla que se muerde la cola nos encontramos. Así las cosas, todos los implicados en el tema deberíamos reflexionar -y actuar- para mejorar la formación de nuestros jóvenes, y que, con el tiempo, los grandes ateliers franceses, ingleses, americanos o italianos vinieran a nuestro país para encontrar a los mejores petites mains del mundo. Habrá que empezar recogiendo alfileres… En ACME, nos ponemos a ello.