Juan Vidal ha presentado en Mercedes-Benz Fashion Week Madrid su colección otoño-invierno 26/27, nacida de un viaje relámpago a Estambul que cambia el rumbo creativo. Setenta y dos horas bastaron para abrir un imaginario nuevo. La ciudad aparece como un territorio donde la sensualidad convive con lo espiritual, y esa tensión se convierte en materia de trabajo.
La colección parte de esa experiencia y la transforma en relato. No se queda en la postal; busca la fricción entre culturas y la posibilidad de que convivan sin diluirse. Oriente y Occidente no se enfrentan, se rozan. La tradición no se cita como ornamento, sino como energía que sigue viva. En el centro, la granada: fruto denso, lleno de semillas, símbolo antiguo de fertilidad y conocimiento. Cada grano es una parte de algo mayor, y esa idea de unidad atraviesa la propuesta.
En pasarela, esa unión se traduce en siluetas que combinan estructura y fluidez. Los tejidos dialogan entre texturas compactas y otras más ligeras, mientras la paleta recoge tonos profundos que remiten a la tierra y a la fruta abierta. La construcción equilibra contención y gesto, con detalles que evocan el símbolo sin caer en lo literal.
La colección no habla de mezcla como tendencia, sino como condición natural.













































































